Quizás una de las características más comunes que la gente asocia con los jardines japoneses son los hermosos diseños dispuestos sobre arena y rocas llamados keiseki. Este estilo de jardín surgió en el periodo posterior al Heian, llamado periodo Kamakura (1185 a 1333). A diferencia de los jardines llamados jodo teien, estos fueron llamados zenshu teien y se basan en el budismo zen.
Musō Sōseki (1275-1351), un monje que vivió en este periodo fue un divisor de aguas en lo que a jardines se refiere. Él definió como ideales aquellos que expresan los valores zen. Según Kato, “este es el periodo de ‘moldeo de la naturaleza’”. Por ejemplo, Musō Sōseki comenzó a colocar conjuntos de piedras para representar la cascada y una piedra para representar la carpa, expresando la enseñanza de la leyenda de la carpa que trepaba a la cascada, nadaba contra la corriente y se convertía en un dragón. Esto fue incorporado en varias regiones.
Él intentó expresar el profundo mundo espiritual a través de jardines y no solo una imitación de la naturaleza. Por ello, abstrajo varios elementos que componían el jardín, utilizando, por ejemplo, patrones de arena para representar el flujo de agua en lugar de utilizar el agua misma. Los jardines de este estilo se llaman “karesansui”.
La transición del periodo Kamakura al Muromachi (1333 a 1568) ocurrió también cuando el poder pasó de la aristocracia a los samuráis. El estilo de la arquitectura cambió para shoin zukuri, que es el origen del actual washitsu (sala presente en las casas tradicionales de Japón). Simultáneamente, el papel de los jardines pasó de ser el de entretenimiento de la aristocracia a ser un espacio para disfrutar del paisaje, donde los samuráis observaban tranquilamente la naturaleza desde el interior de sus hogares. Se puede decir que los jardines se convirtieron en un espacio filosófico para reflexionar sobre la vida, calmar el corazón y observar el jardín como un cuadro.
Los jardines de estilo Karesansui todavía existen en muchas regiones, sobre todo en Kioto, y todavía están disponibles para su visita en la actualidad. Las piedras planas que, a primera vista, parecen haber sido colocadas al azar, o los patrones en forma de remolinos en la arena, por ejemplo, cada uno de estos elementos da forma a un complejo espiritual, que permite la exploración de pensamientos profundos sobre la existencia misma.